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Como sabéis los que me conocéis o leéis soy partidario del software libre y lo uso siempre que puedo (hace ya dos años que uso linux y solo entro a windows cuando me obliga la Agencia Tributaria) pero sobretodo soy partidario de que la libertad de que cada uno elija el software que quiera (tanto es así que esa es la esencia de la asignatura que imparto en la Universidad de San Jorge). Con estos antedecentes es fácil comprender que me haya alegrado mucho al enterarme, casi a la vez, a través de Daniel Gil, de Bauen, y de Andrés Moya, de Bitácora virtual , de la existencia del grupo AGNU (Arquitectura y GNU).

AGNU es un espacio abierto, no limitado geográficamente ni exclusivo para arquitectos (aunque ofreceremos herramientas y recursos específicos para la profesión). Os animamos a todos, seáis o no arquitectos y vengáis de donde vengáis, a uniros a nosotros. Si queréis saber más sobre nosotros podéis echar un vistazo a algunos motivos por los que nos interesa el Software Libre y lo que pretende ser esta web. Fuente: http://agnu.ibaca.net/es/quienes-somos/agnu

Desde AGNU defienden el uso del software libre como herramienta de trabajo habitual en los estudios de arquitectura y denuncian que instituciones como el Colegio Oficial de Arquitectos de Cataluña (COAC) no solo no lo apoye sino que obligue a sus colegiados a utilizar programas informáticos de pago que nada tienen que ver (o nada tendrían que ver) con el Colegio, como son Microsoft Office, Adobe Acrobat, Windows… ya que las aplicaciones informáticas necesarias para hacer los trámites o los visados telemáticos así lo exigen y no ofrecen alternativas para utilizar otro software o sistema operativo. Tanto es así que hasta han creado un manifiesto en el que se solicitan firmas de los colegiados catalanes para que el decano que salga elegido tras las próximas elecciones tenga en cuenta estas solicitudes y le ponga remedio (los interesados pueden leer y firmar la moción en este enlace).

Hoy me gustaría explicar en qué he estado ocupado últimamente y que por tanto tiene parte de culpa de este silencio no deseado en el blog, la sección “experiencias de arquitectura” que puede verse en +arquitectura, una sección que nace de una inquietud personal como reacción a un fenómeno que vengo observando últimamente y que he denunciado no pocas veces (el post anterior es un claro ejemplo): la imagen que se tiene sobre la arquitectura y el papel del arquitecto es cada vez más estereotipada (incluso por compañeros de profesión) y, por tanto, alejada de la realidad, una realidad que, dicho sea de paso, está sometida a distintos factores que apuntan hacia un cambio profundo.

Y con unas ventajas tan evidentes... ¿por qué no se implanta masivamente? En el post "Del CAD al BIM" hablaba de las ventajas que supone el uso del BIM frente al CAD, que son numerosas e indiscutibles,  sin embargo hay un hecho claro que no se puede obviar y es que, en España, existe un uso masivo y casi monopolista de un único programa de CAD  que hace que el uso de los programas BIM sea poco menos que ciencia ficción para la gran mayoría de arquitectos hoy por hoy.

…si los arquitectos nos dejan… A veces tengo la sensación de que, a pesar de lo que podría esperarse de una profesión creativa, los arquitectos somos reacios al cambio. Hace 15-20 años el sector de la construcción (y con él el de la arquitectura) vivió toda una transformación: el uso de programas de CAD como punta de lanza en la introducción de la informática como herramienta de trabajo principal. Cualquier cambio genera una oposición que será tanto más grande cuanto más de revolucionario tenga éste, y el caso que nos ocupa es un claro ejemplo de ello.

Invitado para participar en una charla-taller sobre podcasting y webs de arquitectura dentro del marco de la 8ª edición de la Semana Cultural de la ETSA Sevilla, bajo el lema “Espacio Protegido”, cuyo objetivo es “dar voz a aquellas arquitecturas y reflexiones, que siendo muy interesantes no tienen una dimensión-difusión pública, como la arquitectura de los Jóvenes arquitectos, de la mujer, la nueva arquitectura portuguesa, la arquitectura latinoamericana, la formación de los Arquitectos o las reflexiones sobre el paisaje y la ciudad desde un punto de vista abierto e interdisciplinar”.

Hace unos meses hablaba acerca de la importancia que tiene una decisión tan trivial aparentemente como es la elección de nuestro software. En aquélla ocasión hacía una llamada a la toma de conciencia, a tener un criterio propio y a no dejarnos llevar por tendencias o modas, esta vez hablaré de un caso práctico. Seguramente una de las decisiones en cuanto a software se refiere que más va a condicionar nuestro futuro y sin embargo es a la que menos tiempo le dedicamos es la elección de un sistema operativo.

La arquitectura siempre tiene lugar, pero también tiene tiempo. Sociedad y arquitectura han sido siempre un binomio indivisible: no se puede entender la arquitectura de un momento sin entender su sociedad, y la arquitectura, a su vez, nos habla de cómo fue esta. De esta manera, la civilización griega nos legó parte de su avanzada cultura en forma de templos, foros y palacios, mientras que la expansión de Roma mucho debió a la creación de sus calzadas e infraestructuras.

Los proyectos de arquitectura suelen desarrollarse en periodos largos de tiempo y generan un gran número de archivos y directorios. Si no hemos sido rigurosos y ordenados, la tarea aparentemente trivial de recuperar un plano concreto desarrollado hace unos meses o unos años (una situación bastante cotidiana en la profesión) puede convertirse en una auténtica odisea que puede desembocar en graves errores.

Mantener un orden de archivos y seguir un patrón al darles nombre que nos permita saber en todo momento y de manera rápida qué es lo que contienen cobran una importancia vial.

Este artículo se centrará en dar unos criterios para crear un código propio para nombrar los archivos de manera eficiente que nos permita saber el tipo de información que contiene, su versión, el proyecto al que pertenecen…

Una de las preguntas más importantes que deberíamos hacernos como profesionales es la elección del software que vamos a utilizar en el desempeño de nuestra profesión. Sin embargo la experiencia dice que esta pregunta es casi siempre obviada y se acaba utilizando el programa que hemos aprendido a usar o el que usa la mayoría de gente, sin plantearnos si realmente es el que mejor se ajusta a nuestras necesidades. Y es que nos enfrentamos a dos grandes lastres: por un lado el del mercado, que impone sus propias reglas pensando únicamente en el propio beneficio, y por el otro tenemos la enseñanza que se da en las facultades, que se suele limitar a enseñar un solo programa (dos a lo sumo) cuya elección también responde en gran parte al mercado.